domingo, 24 de julio de 2016

GRASA. Primera parte: Ellas y ellos 

Volvió al salón y acomodándose en el sofá de color crema siguió viendo la televisión dando saltos de la mano del mando. Acabó quedándose en un documental sobre el final de la Segunda Guerra Mundial. <<Siempre hay imágenes inéditas. Parece como si la Segunda Guerra Mundial hubiesen sido muchas guerras. Como si no se hubiera acabado todavía>> —pensó.  El cansancio no perdona; aquellas imágenes bélicas en blanco y negro mostrando a través de la ventana de plasma edificios derruidos; personas esqueléticas sin el más mínimo signo de pudor por aquella indigna desnudez; las gratificantes —perdón— agresiones de venganza; el puro incombustible de Churchill... ¡Siempre lo mismo de esta guerra eterna! Sí, también ella fue derrotada pero por el sueño. Despertó al rato con la voz gritona de una señora con pinta de falsa bruja echando las cartas adivinatorias del tarot en un canal de televisión incontrolado. <<Cómo podía haber personas que perdieran el tiempo y el dinero participando en estas patrañas y además tener el valor de creérselas>> —pensaba. Se levantó, apagó el televisor y fue a la cocina. Cogió un yogur natural del frigorífico y tropezó de nuevo con su manía de mirar la fecha de caducidad (27—11—2010). Se lo tomó con cuchara sopera porque no había ninguna limpia de postre. En aquel momento aunque hubiese estado caducado también se lo habría comido porque le asaltó un deseo irrefrenable de cucharearse un natural. Hasta un ministro ha dicho que si no han transcurridos muchos días no pasa nada por tomar algunos alimentos caducados. <<¡Gracias señor ministro pero no nos ha confesado cuántos alimentos caducados se come usted!>> Leyó la composición del alimento y dijo ronroneando aquello que siempre decía de si esto es natural yo soy la Virgen María.

 

domingo, 17 de julio de 2016

GRASA. Primera parte: Ellas y ellos (I)


GRASA
PRIMERA PARTE: Ellas y ellos

Cosa de niños
La noche en la que corrió a la cama de su criatura alarmada por los extraños gritos del niño y se sentó a su lado para consolarlo de una crisis  —sería seguramente— de terror infantil creyó que no era más que un trámite doméstico y maternal, esporádico como todos los miedos nocturnos de tantos niños. No fue completamente consciente de que en aquel momento comenzaba —¿o fue antes?— uno de los episodios más repetidos y a la vez más inciertos de su vida, consecuencia fantástica de todas las guerrillas vitales que la marcaron en el amor, con lo que de feliz tuvieron y con lo que, digámoslo todo, tuvieron de amargas. En la penumbra de la habitación ganaban los oscuros sobre los claros. Ya dentro se escuchó de su boca:
-        Ya está, tonto. Aquí está mamá. ¿Qué te pasa?
El niño se había sentado en la cama después de gritar reclamando a su madre. Estaba como perdido. Según la pesadilla aquella cama se había caído al vacío para aparecer instantes después en una sala muy grande en la que había un hombre sentado de espaldas frente a una chimenea encendida. No se le veía ni las manos ni los pies ni, por supuesto, el rostro. La madre le preguntó un par de cosas, más que nada con la intención de tranquilizarle pero el niño no contestó y volvió a quedarse dormido en sus brazos. Cuando ella sopesó la dureza del sueño y estuvo segura de que el niño descansaba otra vez a merced de la imparcialidad de la noche lo dejó caer sobre la almohada de presunciones, sonrió y le dio un beso en la mejilla mientras lo contemplaba felizmente segura de que nunca más los volverían a separar. Segura de que la piel calentita que rozaron sus labios, irradiada por el miedo, era tan cierta como la suya; tan cierto aquel como su propio miedo.

sábado, 16 de julio de 2016

MI NUEVA PROPUESTA EDITORIAL


Mi última propuesta editorial: GRASA. 217 p. Registrada.
Sinopsis:
A partir del descubrimiento de que determinadas grasas humanas en su estadio infantil son solubles en agua, un laboratorio consigue un cosmético que rejuvenece milagrosamente la piel, no sin antes corromper todo el entorno social y político de una ciudad simbólica. Curiosamente en esta ciudad ha bajado en los n de causalidad entre ambos hechos es inevitable.  sadas.tjo de tierra. ¡Incre supone de orgullo y autoestima te das cuenta que últimos años la tasa de obesidad infantil. Establecer una relación de causalidad entre ambos hechos es inevitable. Hay menos niños gorditos y más cosméticos milagrosos.